Super 8: Cuando el cine es sinónimo de magia.

Magos.

Más que cineastas, algunos directores y creativos deberían ser catalogados de Magos. No es que proliferen en exceso, pero cada generación tiene los suyos, y esta Super 8 es el documento audiovisual que deja patente el cambio de testigo -o de varita en este caso- entre los magos de dos generaciones diferentes.

Steven Spielberg, a las labores de producción -y más que patente fuente de inspiración- cede su legado, su creatividad, y por qué no,  parte de su alma a J. J. Abrams, -ese geniecillo experto en formar revuelo con sus virales que embobó a medi omundo con su magistral Star Trek (2009)- para conseguir que los que ya nos emocionamos en su momento -e incluso nos criamos con los clásicos de Spielberg lo hagamos de nuevo y por partida doble, ya que a la inmensa calidad y mimo que atesora Super 8 se le une un factor nostalgia que hace que a los  amantes de este tipo de cine, la película les cale bien hondo.

Trasladándonos al verano de 1979, Super 8 narra la historia de un grupo de chavales de unos 13 años que presencian un accidente de tren tras el qeu se suceden una serie de extraños acontecimientos que empiezan a investigar. Con esta premisa, la cinta adquiere un tinte de aventura que instantáneamente hace pensar en Los Goonies (Richard Donner, 1985), no sólo por el tono de la cinta, sino por ese grupo de chicos lleno de matices y soportado por un grupo de jovencísimos actores, la mayoría sin experiencia previa, que bordan sus papeles -mención especial para Elle Fanning, hermana pequeña de Dakota Fanning, que está arrebatadora a sus 13 añitos-.

El refrito referencial no se queda en la cinta de Donner; podemos reconocer referencias directas a nivel no sólo de guión, sino en recursos de dirección, a obras como E.T o Encuentros en la Tercera Fase -ambas de Spielberg-, y muchos detalles como posters de clásicos del cine de género de los años 70 que reafirman el amor por el cine que destila Super 8.

A nivel técnico la cinta roza lo impecable, demostrando que no es necesario un presupuesto disparatado para firmar un blockbuster de tantísima calidad -unos 50 millones de dólares-.

Los efectos digitales cortesía de los chicos de George Lucas cumplen a la perfección, la fotografía de Larry Fong -director de fotografía de cabecera de Zack Snyder- nos traslada a los años 80 al primer plano, al igual que la impecable banda sonora. El vestuario y la dirección de arte también aportan su granito de arena para crear un túnel del tiempo bajo la batuta de un J. J. Abrams que, además de hacernos sentir un poco mayores, nos hará recordar por qué amamos tanto el cine… O la magia.

Porque esto es magia. Y al igual que nos quedamos boquiabiertos cuando un mago saca un conejo de la chistera, lo hacemos tras ver a Abrams desplegar todo su potencial en esta Super 8. Al igual que lo hicimos cuando Marty McFly viajó en el tiempo en un Delorean, el jefe Brody mató al tiburón o E. T. encontró a su familia volvió a casa.  Porque hay cosas que no cambian, y mientras sigan existiendo los magos, seguirá viva esa chispa que nos ha mantenido pegados a la pantalla todos estos años. Y los que quedan.

Maravillosa.

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