[Crítica] Misión Imposible: Protocolo Fantasma. La mejor de la saga.

En 1996 Brian de Palma rescató en forma de largometraje la serie de los 60 Misión Imposible. Protagonizada por Tom Cruise, la película resultó un bombazo tanto a nivel de taquilla como de calidad, siendo un gran filme de espías, dinámico y emocionante. Cuatro años más tarde la película de De Palma se convirtió en saga al llegar la secuela firmada por John Woo, con un resultado desastroso pese a contar con un reparto más que capacitado y la buena mano del director para rodar la acción.

Cuando la saga se creía perdida llegó J.J. Abrams a salvar el barco en 2006, firmando una tercera parte que se aproximaba a las cotas de calidad de la primera entrega y, lo que es más importante, produciendo esta cuarta entrega que nos ocupa, Protocolo Fantasma, la cual pasa a ser por méritos propios la mejor de la franquicia.

El encargado de llevar las riendas en esta ocasión es Brad Bird, director de Los Increíbles o la fantástica Ratatouille, en la que es su primera obra fuera del cine de animación, y la verdad es que no podría haberlo hecho mejor. Las dos horas y diez que dura la cinta pasan como un suspiro gracias a, entre otras cosas, el buen hacer del director a la hora de filmar las secuencias de acción; Bird se aleja de la tendencia de la fragmentación excesiva y de meter la cámara a centímetros de la acción, usando planos abiertos muy al estilo de James Cameron que hacen que todo luzca con una espectacularidad salvaje que consigue tenernos no sólo en vilo en los momentos de mayor tensión, sino también boquiabiertos al contemplar maravillas como la secuencia de escalada por el Burj Dubai.

Si la dirección es brillante y la película resulta efectiva es porque el guión no se queda atrás. En esta ocasión nos presenta al ya conocido Ethan Hunt y a su nuevo “equipo a la fuerza” trabajando fuera de la ley tras una situación un tanto delicada que ha dejado el FMI patas arriba. Bajo este punto de partida se desarrolla la típica historia de espías moderna, con sus traiciones, sus gadgets disparatados, sus secuencias de acción inverosímiles -que resultan de lo más natural gracias a Brad Bird- y sus viajes a lo largo y ancho del globo que actúan dotando a la película de un tinte episódico que no juega muy a su favor quitando continuidad al conjunto e impidiendo que avance con la fluidez deseada.

Aún así, la película funciona a la perfección gracias a la sencilla razón de que no se toma en serio en ningún momento. Las dosis de comedia son muy elevadas, y el introducir a Simon Pegg en el reparto todo un acierto, llevando en ocasiones la acción a lo auto paródico y haciendo aún más disfrutable si cabe la cinta. Además, se nota que el reparto está cómodo delante de las cámaras y da la sensación de que se estaban divirtiendo con su trabajo -lo cual se nota en el producto final-, especialmente un Tom Cruise en plena forma y pasándoselo en grande acompañado de Jeremy Renner -que ya deslumbró en The Hurt Locker- y Paula Patton como la fémina del grupo, cumpliendo su papel sin dificultades.

En los aspectos técnicos, Protocolo Fantasma no iba a quedarse atrás -obviamente-, sobresaliendo la dirección de fotografía de Robert Elswit -que ha firmado maravillas de la talla de There Will be Blood o Magnolia-, dejando momentazos como la tormenta de arena, con unos juegos de contraluces y color espectaculares y moviendo la cámara de manera precisa para que no nos perdamos un detalle de lo que ocurre respaldado por el montador Paul Hirsch -quien montó los episodios IV y V de Star Wars-, que aprovecha los planos generales de Bird para dejarnos embobados manteniendo un ritmo constante a lo largo de la cinta. Cabe además hacer una mención especial a la banda sonora de Michael Giacchino -Up, Super 8-, que posee una calidad espectacular y acompaña sin molestar, vistiendo cada secuencia de la película de manera orgánica – destacando la renovada versión del tema principal de la serie de Lalo Schifrin-.

Misión Imposible: Protocolo Fantasma es entretenimiento puro y duro, pero hasta el entretenimiento puede alcanzar cotas muy altas de calidad en contra de lo que muchos puedan pensar. En este caso, Brad Bird y su equipo han conseguido firmar una de las mejores películas de acción del 2011 y la mejor opción que hay en este momento en cartelera -con permiso del Holmes de Guy Ritchie- para pasar dos horas intensas, divertidas, espectaculares y que nos inducirán una especie de estado hipnótico que desaparecerá una vez enciendan las luces de la sala dejándonos un muy buen sabor de boca como única secuela. No es la película de acción perfecta, pero si la mejor de la saga. Y con creces.
¡A compartir se ha dicho!


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