[Crítica] ‘Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres’ (‘The girl with the dragon tattoo’)

Que la creatividad de la industria cinematográfica no está en auge es algo más que patente. Adaptaciones, remakes o, como en el caso que nos ocupa, remakes de adaptaciones inundan las pantallas de medio mundo, pero muy pocas veces un producto adaptado y no original llega a dejar tan buen sabor de boca como me ha dejado ‘The girl with the dragon tattoo‘, la última película de David Fincher.

Si por algo se caracteriza el bueno de Fincher es por conseguir generar atmósferas de manera brillante -es algo que ha demostrado desde su debut en Alien 3- y, precisamente ese es el punto fuerte de esta adaptación americana de la novela de Stieg Larsson. No nos engañemos, en ‘Millenium‘ vamos a encontrarnos con lo mismo que en su momento nos ofreció el largometraje sueco o más recientemente la adaptación televisiva -de mayor calidad-; esto es, una historia detectivesca bastante manida que sigue los cánones del género, pero cuya resolución no resulta tan sorprendente como para justificar la densidad y la duración del relato. Es precisamente aquí donde la buena mano del director -y sus atmósferas- convierte un producto que de partida puede no parecer gran cosa en algo interesante y digno de ver.

Si bien es cierto que nos encontramos ante, posiblemente, el trabajo más flojo de David Fincher, el sello del cineasta está patente en todo el largometraje haciendo que el visionado merezca la pena; desde en sus innecesariamente largos -pero impresionantes- títulos de crédito hasta sus movimientos de cámara rebuscados y espectaculares pasando por una planificación estudiada al milímetro que presenta personajes -esa introducción de Lisbeth en la que queda caracterizada con dos tiros de cámara es para quitarse el sombrero- y describe situaciones muy eficazmente ahorrando en puesta en escena, pero dándolo todo a nivel visual -si bien, también nos encontramos con la película menos “Fincher” debido a las limitaciones impuestas por la historia y el tono-.

La imagen supone la mitad de la atmósfera de la cinta, incluso menos. La otra mitad queda reservada a Trent Renzor y Atticus Ross y a su maravillosa banda sonora. Si de un montaje se dice que es excelente cuando no se nota su presencia en el metraje, de una banda sonora puede decirse lo mismo; y el caso de la obra del lider de Nine Inch Nails es el ejemplo perfecto para justificar la calidad que atesora de este modo. Las melodías de electrónica minimalista -que en ocasiones rozan el ruido de fondo, o un simple ambiente con notas sueltas- visten los planos de manera invisible, sin hacerse notar, haciendo aún más potente esa atmósfera ya mencionada sobre la que David Fincher pretende sostener su largometraje, y consiguiéndolo bajo mi punto de vista.

El elenco actoral no brilla, ni mucho menos, salvo la excepción de una camaleónica Rooney Mara cuyas facciones dulces contrastan con la personalidad y estética de su personaje, creando un conjunto más atractivo que el que consiguió Noomi Rapace en la primera adaptación de la novela. Ahora Lisbeth no es un todoterreno, se nota su vulnerabilidad a través de sus ojos, lo que hace que la química con el personaje de Daniel Craig -correcto, sin ningún alarde- sea prácticamente instantánea. Una gran elección de casting, sin duda.

En resumidas cuentas, ‘The girl with the dragon tattoo‘ es la película Fincher menos Fincher, pero es la mano del director la que consigue levantar un producto muy trillado, que deja por momentos sensación de deja-vú y cuyas dos horas y media de metraje en manos de otro podría haber resultado un fracaso estrepitoso. Afortunadamente no es el caso y nos encontramos ante un thriller adulto, con unos personajes bien dibujados, y que se pasa volando una vez nos sumergimos en el misterio y en el frío invierno sueco.

A mi me ha encantado.

 

¡A compartir se ha dicho!


Comments
One Response to “[Crítica] ‘Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres’ (‘The girl with the dragon tattoo’)”
  1. Pues a mí la historia en sí me ha convencido bastante, más que nada por el rollo que se llevan Mikel y Lisbeth. La música lo mejor de todo, aunque se pasa de ruidosa durante la primera hora, luego ya se integra más en la peli y es una gozada. Le sobra media hora.

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