[Crítica] ‘La invención de Hugo’. Esa fábrica de sueños llamada cine.

Por una vez me vais a permitir hacer una crítica más personal que de costumbre. He intentado enfocar mis impresiones de esta joya llamada ‘Hugo’ desde varios puntos de vista, más o menos analíticos, y en todas ocasiones de manera infructuosa debido a que, al leer el conjunto de la crítica, todo me parecía demasiado impersonal en comparación a lo mucho que me ha hecho sentir esta primera incursión de Martin Scorsese en el cine familiar.

Ya sea en aquella televisión de tubo sin mando a distancia conectada a un VHS o en la oscuridad e inmensidad de la sala de cine del difunto teatro Emperador en León, desde bien pequeño he estado pegado a una pantalla viendo pasar ante mi una retahíla de héroes, villanos, monstruos, viajes imposibles, criaturas mitológicas, mujeres perfectas y aventuras varias, que cuando tenía seis años me hacían pensar que estaba presenciando una especie de truco de magia sentado en el patio de butacas o en el sofá de casa de mis padres. Ahora, con veinticinco años e intentando hacerme un pequeño hueco en esta industria esa sensación de estar viendo un truco de magia, algo intangible e inexplicable, aún persiste.

Con ‘Hugo’, Scorsese parece haber hecho un ejercicio de retrospectiva, planteándose por qué en un momento de su vida decidió dedicar su existencia a contar historias, y da la sensación de que él también sintió, y probablemente continúa sintiendo que detrás de una película hay un aura de misticismo y magia que nos hace soñar despiertos durante dos horas en la oscuridad de la sala de cine. Así pues, el director recoge estas sensaciones y las proyecta sobre ‘Hugo’, dándonos una historia sencilla pero exquisitamente narrada, con una puesta en escena marca de la casa preocupándonos por describir ese ambiente parisino con tintes de cuento de hadas en el que se desarrolla la aventura.

Las interpretaciones, al igual que el resto de la cinta son geniales y, aunque los personajes pequen de estar algo desdibujados se meten ya no en nuestras cabezas, sino en nuestros corazones, a la primera de cambio. La penetrante mirada azul de Asa Butterfield interpretando al huérfano protagonista, la sonrisa de Chloe G. Mortetz, la presencia de Christopher Lee o la versatilidad de Sacha Baron Cohen, en combinación con ese suave tratamiento fotográfico y el milimetrado ejercicio de montaje hacen que ‘Hugo’ actúe como uno de los relojes que nuestro protagonista pone en hora en la estación de tren, funcionando con precisión,desprendiendo encanto y estrujando nuestros sentimientos fotograma a fotograma, haciéndonos sentir de nuevo esos niños de seis años que no son conscientes de lo que hay detrás de ese carrusel de imágenes y personajes que pasa delante de nuestros ojos, pensando que algún tipo de magia está orquestando todo lo que vemos, oímos y sentimos.

‘Hugo’ es el homenaje de Martin Scorsese a todo lo que le ha hecho sentir el cine, a todo lo que le ha dado. Y como buen homenaje el cariño y el mimo transpiran plano a plano, dotando al conjunto de una perfección sólo equiparable a su inocencia.
Se podría decir que esta película ha sido dirigida por el Martin Scorsese de 1947, por el niño de cinco años encerrado en el cuerpo del Martin Scorsese del año 2012. Y aunque queramos evitarlo, ‘Hugo’ nos arrastrará años y años atrás, convirtiéndonos también en niños y haciéndonos incapaces de ver otra cosa que no sea magia durante las dos horas que dura la película.

Excepcional.

¡A compartir se ha dicho!


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