[Crónica Phenomena] ‘Batman’ (1966) + ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’ (1976)

Si alguien me pregunta los motivos por los que me gusta tanto vivir en Barcelona, entre las primeras razones que me vendrán a la cabeza estará el ‘Phenomena’, ese revival del cine con el que muchos hemos crecido ya sea viéndolo en en las salas de cine o en nuestros reproductores de VHS siendo unos críos -como es mi caso-.

Esta semana y tras la apoteósica sesión de ‘La princesa prometida’ y ‘Los Goonies’, Nacho Cerdà -se te ama- nos ofrece otra sesión de ‘Phenomena Grindhouse’; esa sección del evento en la que se proyectan cintas de culto en su momento vapuleadas por crítica o público, producciones de pura serie B, y verdaderas joyas del séptimo arte menospreciadas y que fueron carne de sesiones dobles en los cines de barrio en los años setenta. Las cintas seleccionadas en esta ocasión fueron el largometraje de ‘Batman’ protagonizado por Adam West en 1966 y una de mis películas de género favoritas, la magistral ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’, de John Carpenter.

La noche caía sobre Barcelona al llegar al cine Urgel, y un pequeño incidente con los lectores de códigos de Atrápalo hicieron que la sesión se retrasara unos minutos. Una vez dentro, sentado en mi butaca y sintiéndome como una hormiga en la gigantesca sala de 1800 localidades me vi sorprendido por la afluencia a la doble sesión. Siendo un miércoles con partido de fútbol importante y proyectándose una película tan controvertida como la de Carpenter esperaba muchísima menos gente en el Urgel.

Tras la impaciencia por el retraso las luces se apagan, el telón se abre y los primeros aplausos llegan de la mano del habitual tráiler del ‘Phenomena’. Tras este, comienza la vorágine de trailers demenciales, con ‘Los cuatro del Apocalipsis’ de Fulci a la cabeza. El público se vuelve loco entre aplausos, carcajadas y las frases lapidarias del trailer. Tras los avances de la otra italianada, ‘El visitante del más allá’ con John Houston y Sam Peckinpah -sorpresón-, y la cinta de ciencia ficción ‘Saturno 3’ con una Farrah Fawcett espectacular, Harvey Keitel y Kirk Douglas, empezó la chicha de la sesión.

La propia introducción de ‘Batman’ ya nos pone sobre aviso de lo que vamos a ver. Los propios directores y productores de la cinta destapan su carácter auto paródico con unos mensajes de advertencia y dedicatoria al público que dio el pistoletazo de salida a la vorágine de risas, cachondeo y buen ambiente que acompañó la proyección de la película -con una copia impecable- hasta su final. Tiburones explosivos -“¡Menuda sardina!-” mordiendo la pierna de un Batman que se defiende a puñetazos, delfines suicidas que salvan al dúo dinámico interceptando misiles -“Qué nobleza casi humana la de esos delfines.”-, submarinos con forma de pingüino que incluso mueven las patas como un juguete a cuerda o Batman intentando deshacerse de una bomba durante minutos siendo incapaz por toparse con todo tipo de obstáculos son unas cuantas de las situaciones inverosímiles y disparatadas que nos encontramos a lo largo de la cinta y que nos hicieron disfrutar como críos mientras esa dirección de arte desmedidamente hortera y con colores saturadísimos iba pareciéndonos normal conforme avanzaba el metraje.

Tras hora y media de disparates y momentos de lo más absurdo -los enigmas de ‘El Acertijo’ y las resoluciones propuestas son antológicos- el “The End” cubrió la pantalla, las luces se encendieron y llegó el momento de asaltar el bar más cercano en busca de avituallamiento en forma de un bocata y las chucherías de rigor. Había que volver con el estómago lleno, porque llegaba el plato fuerte de la noche -al menos, para mi-, una de esas películas que jamás esperé ver proyectadas en 35mm y que a día de hoy es uno de mis santos griales cinematográficos de uno de mis directores predilectos. Lástima que la experiencia del visionado no fuese del todo la esperada debido al importante número de ANORMALES que poblaban la sala.

Con la panza llena y de nuevo en mi butaca 19 de la fila 20 no podía ocultar mis nervios. El telón volvía a abrirse, las luces se apagaron y los títulos de crédito en ese rojo impreso sobre negro inundaron la pantalla a ritmo de la maravillosa banda sonora con sintetizador marca de la casa Carpenter. ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’ había comenzado y yo no podía ni creérmelo.
La copia en 35mm no era ni mucho menos perfecta, pero esos fotogramas faltantes, ese aspecto de vejez, ese petardeo del sonido en los cambios de rollo y en los saltos de película, y esos colores para nada óptimos daban un rollo a la proyección perfecto para el tipo de producto que estábamos viendo.  La banda sonora compuesta por el propio director -el que me diga que lo que hace Carpenter no es cine de autor que se vaya a cagar- atronaba la sala mientras los personajes comenzaban a entrelazar su destino en esa comisaría que sería asaltada minutos después, obligando a unir fuerzas a personajes tan dispares como el policía bueno y honrado, y el criminal más despiadado condenado al corredor de la muerte.

La cinta iba avanzando y el típico comentario de “Asalto a la comisaría del distrito 13 es una película de zombies sin zombies” se hacía cada vez más patente. Podría decirse que es un híbrido entre ‘La noche de los muertos vivientes’ de George A. Romero y cualquier  western a lo ‘Río…’ de John Wayne. La acción está rodada más que decentemente, los momentos de tensión te mantienen en vilo y la violencia que nos muestra Carpenter es descarnada y salvaje; no hay más que recordar ese plano medio de una niña siendo asesinada a sangre fría, capaz de conseguir que la butaca te engulla tras ver semejante salvajada.

Por desgracia -y aquí viene mi queja que comentaba más arriba-, a parte del público este tipo de situaciones le parecen de lo más divertido. Vale que puede que arrastrasen el cachondeo que dejó ‘Batman’, o puede que tan sólo sean una horda de tontos del culo que no saben diferenciar el ambiente que genera una película u otra, pero creo que una obra de culto como es la cinta de John Carpenter no merece un maltrato tan despiadado por una parte del público con afan de joder y de que alguien le aplaudiese sus gracias como si fuese un ‘Midnight X-Treme’ de Sitges -que no lo es-.

Las luces se encienden, la gente aplaude y muchos nos volvemos a pata para casa debido al inicio de la huelga general. Pero el paseo merece la pena más que nunca, porque, anormales aparte, este Phenomena Grindhouse ha sido una auténtica maravilla, con dos auténticas joyas que jamás creía poder llegar a ver en una pantalla tan enorme como la del cine Urgel.

Nos vemos en unos días en ‘Little Phenomena’, donde podremos ver ‘El Secreto de la Pirámide’ y ‘Howard: Un nuevo héroe’. Ganas no faltan.

¡A compartir se ha dicho!


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