‘Prometheus’: Espectacular gilipollez.

Respuestas.

Al igual que los protagonistas de ‘Prometheus’ en su afán por descubrir el origen de la humanidad, un espectador busca respuestas.

Al entrar en una sala de cine y exponernos a una película, prometemos como espectadores dejarnos llevar y ser partícipes de la historia que se nos presenta a cambio de algo; y ese algo no es otra cosa que un desarrollo coherente que vaya plantando incógnitas que nos atrapen, y soluciones a estas que nos emocionen, nos sorprendan y nos hagan saltar en nuestros asientos.

El problema llega cuando las ínfulas de grandilocuencia y la obsesión por el más difícil todavía convierten un guión en un amasijo de intrigas de proporciones bíblicas que, o se solucionan de manera insatisfactoria -con explicaciones salidas de la naday cogidas con pinzas, iluminaciones repentinas de personajes…- o, directamente, no se resuelven dejándolo todo en el aire.
Cuando este tipo de guiones se manifiestan en una película, al terminar la proyección el espectador se sentirá engañado, como si hubiese sido la víctima de una tomadura de pelo de dos horas, y este es, sin duda, el efecto que consigue la última cinta de Ridley Scott.

Lejos queda ya el año 79, en el que el propio Scott dejó boquiabierto a medio mundo con la magistral ‘Alien’, en la que la sencillez de la historia, la atmósfera opresiva, los pasillos largos y angostos, y esa luz sucia y agobiante consiguieron efectos demoledores sobre los nervios de los espectadores.
Ahora, 33 años después, el director emplea mecanismos radicalmente opuestos para obtener las mismas sensaciones y falla estrepitosamente, no porque la técnica no cumpla con los requisitos, sino porque el comentado guión mina la experiencia por completo al buscar esa trascendencia que se escapa de las manos del equipo de guionistas.

Da la sensación -aunque obviamente no habrá sido así- de que el guión comenzó a escribirse con piloto automático y emoción, y que al llegar al final del proceso de escritura ya era demasiado tarde para intentar arreglar las mil y un locuras que habían ingeniado; todo muy en la linea de ‘Lost’, serie que abandoné -y cuánto me alegro, visto lo visto- a mitad de la segunda temporada. La diferencia es que en una serie de varias temporadas, el efecto de intriga puede aguantarse durante prácticamente la totalidad de la serie, pero en un largometraje de poco más de dos horas acumular varias absurdeces sin respuesta aparente destruyen el interés del espectador por completo.

No obstante, hay aspectos positivos -y mucho- que hacen que ‘Prometheus’ no suspenda radicalmente. La factura técnica de la película es impecable -sólo faltaba-, y el oficio de publicista de Ridley Scott se nota plano a plano, haciendo que el conjunto visual sea portentoso -mención especial para los planos de paisajes, que consiguen dejar boquiabierto- y que las secuencias de acción resulten de lo más espectacular que se ha visto últimamente.
Además de esto, algunos actores están muy acertados, teniendo en cuenta lo desdibujados que llegan a resultar los personajes, planos y con motivaciones más que dudosas que no se llegan a aclarar en ningún momento. De todo el elenco destacan Michael Fassbender en su papel de David -que ya quisiera tener la complejidad y coherencia de su equivalente androide Ash de ‘Alien’-, y Noomi Rapace, más que nada por ser la protagonista de la cinta y tener el personaje ligeramente más cuidado que el de los demás intérpretes.

Llegados a este punto, me doy cuenta de que he traicionado la reseña que me prometí escribir; y es que mi intención desde un principio fue obviar la evidente conexión entre ‘Alien’ y ‘Prometheus’, pero resulta casi imposible.
Si como película independiente ‘Prometheus’ fracasa rotundamente, como pieza dentro del universo ‘Alien’ resulta una traición directa por parte de su propio creador. Las incongruencias respecto a la continuidad entre esta y la película del año 79 están a la orden del día, y el espíritu de Ripley y compañía nos acompañará durante toda la proyección haciéndonos pensar en que eso de “cualquier tiempo pasado fue mejor” tiene más sentido que nunca.

Resumiendo, y siguiendo a rajatabla el título de la reseña, ‘Prometheus’ es un entretenimiento audiovisual de primera categoría, vibrante, espectacular e incluso algo inquietante por momentos -no todo lo que se espera-, pero que se convierte en una soberana gilipollez pretenciosa gracias a un guión absurdo, sin respuestas, con unos personajes planos, incoherente y que transmite una sensación de aleatoriedad que un producto de esta importancia no puede permitirse.

Decepcionante.

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