Lobby Cards. O cómo echo de menos los cines de hace veinte años.

Aún a riesgo de parecer un carcamal con tan sólo cuarto de siglo a mis espaldas, he de decir que echo mucho -tal vez demasiado- de menos los cines en los que me desvirgué cinematográficamente hablando. Aquellos cines con tan sólo tres o cuatro salas -como mucho- de un tamaño más que considerable, o aquellos teatros inmensos reconvertidos y adaptados para poder proyectar sobre pantallas gigantescas, como el tristemente difunto teatro Emperador de León.

El olor a palomitas rancias, las butacas forradas con un terciopelo que hacía daño a la vista, los sistemas de sonido ahora obsoletos y la moqueta impregnada inevitablemente con el azúcar de los refrescos derramados daban igual una vez el proyector comenzaba a funcionar y la única luz que inundaba la sala era la que reflejaba la gran pantalla blanca sobre la que se movían los personajes.

Pero si hay una cosa que echo de menos realmente son las cada vez más difíciles de encontrar Lobby cards. Esos posters de tamaño similar al de un folio que se colocaban en el vestíbulo del cine -de ahí su nombre- acompañando al cartel oficial de la película y que contenían fotogramas del filme, haciendo funcionar al mural que componían como una suerte de trailer formado por imágenes estáticas.

Recuerdo observarlos embobado instantes antes de entrar en la sala, sirviéndome como un más que suculento aperitivo ver los fotogramas de Maculay Culkin en una Nueva York nevada en Solo en Casa 2. Recuerdo ir a ver Peter Pan y mirar de reojo y con recelo al otro lado del hall del cine las Lobby cards del Dracula de Francis Ford Coppola, con esas imágenes repletas de sangre, monstruos, una Winona Ryder que aún no era cleptómana y un Keanu Reeves del que, a mis escasos 5 años, aún no sabía que protagonizaría una de las películas que me impulsaron a dedicarme a esto del cine.

Y es que, en ocasiones, estos “mini-posters” -como muchos los llamaban-, te hacían pensar en lo que se avecinaba y conseguían que entrases en la sala con nerviosismo y una expectación desmedida que sólo un niño de siete u ocho años puede tener; y si no imaginad a mi versión de 1993 viendo las Lobby Cards de Jurassic Park antes de acceder a la proyección y pensando que en breves iba a ver ese enorme T-Rex de la imagen moviéndose y rugiendo a todo volumen.

Ahora los cines tienen sistemas de audio multicanal que te hacen percibir la trayectoria de una bala de lado a lado de la sala, las moquetas han dado paso a suelos fáciles de fregar, las salas enormes han sido sustituidas por varias ridículamente más pequeñas por el simple afán de explotación comercial y las Lobby Cards han desaparecido de la mayoría de salas del país.

No es que sea una persona muy nostálgica, pero extraño sobremanera los cines de hace veinte años con los que nació mi pasión por el séptimo arte. En fin… es ley de vida que las cosas cambien y evolucionen -ya sea a mejor o a peor-. Al menos hay algo que permanece inalterable, y es el olor a palomitas rancias de la mayoría de multicines.

¡A compartir se ha dicho!


Comments
One Response to “Lobby Cards. O cómo echo de menos los cines de hace veinte años.”
  1. Lara dice:

    no me había dado cuenta de que ya no ponen las fotos (como las llamaba yo), que pena, yo siempre me las quería llevar a casa y, en más de una ocasión, por culpa de esas fotos, me decantaba por una peli u otra. Somos viejos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: