[Crítica – Sitges 2012] ‘Room 237’. Kubrick deconstruído.

Si preguntamos por la calle a cualquier aficioando al cine o consultamos en un buscador de internet cuáles han sido las películas de terror más influyentes de la historia, no cabe duda que una de las principales respuestas -si no la primera- sería El Resplandor de Stanley Kubrick.

Es sabido por cualquiera que indague un poco que la película de Kubrick está repleta de ambiguedades, subtextos, trucos visuales y espaciales, y mil y un detalles más que la superdotada mente del director colocó como piezas de un gigantesco puzzle con el único objetivo de jugar con la mente del espectador y convertir el visionado de El Resplandor en una experiencia que ninguna otra película de terror pudiese igualar. Y es sobre estas piezas sobre las que se cimienta el documental Room 237 del norteamericano Rodney Ascher.

Al igual que El Resplandor no es una película de terror al uso, Room 237 no es un documental que guarde excesivas similitudes con el resto de sus compañeras de género. Esto actúa, por desgracia, como un arma de doble filo que hace a la cinta intensa y única en algunos pasajes, pero confusa y algo redundante en otros.

El principal problema radica en su estructura narrativa, que parece influenciada por ese “laberinto” que resulta el Hotel Overlook al huir de una linealidad que hubiese hecho de la película algo más homogeneo y digerible. De este modo, Room 237 no posee una estructura “lógica”, saltando constantemente de un tema a otro sin orden ni concierto -lo cual llega a resultar molesto en muchos tramos-, pero mostrando en todo momento una pasión desmedida hacia la obra de Stanley Kubrick que consigue introducirnos de lleno en el documental.

Si su forma resulta una lacra y una virtud de manera simultánea, su contenido va por los mismos derroteros. 
Room 237 oscila entre el análisis filmico más preciso y coherente tratando temas de lo más variopinto -llegan a sorprender- con asombrosa rigurosidad, y la conspiranoia más absurda que trata de ser justificada con argumentos en absoluto sólidos. Esto tiene un efecto “montaña rusa” en el visionado de la película, existiendo tramos en los que nuestra atención y fascinación están por las nubes, y otros que nos obligan a desconectar tras escuchar varios argumentos poco convincentes seguidos.

Room 237 es un documental con dos caras. 
Por un lado, un ejercicio analítico preciso y riguroso; por otro, una locura carente de lógica y con una narrativa confusa. Pero ambas caras tienen un punto en común que se convierte en la mayor virtud de la película: el amor que el director y los colaboradores muestran por la película de Kubrick y que se contagiará automáticamente entre los espectadores que se apasionasen con El Resplandor en cualquier momento de su vida.

Merece la pena, aunque las espectativas que genera en sus primeros compases, y que terminan sin ser satisfechas, acaban pasando factura.

¡A compartir se ha dicho!


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Comments
2 Responses to “[Crítica – Sitges 2012] ‘Room 237’. Kubrick deconstruído.”
  1. Cuando ponen la peli normal y al reves pensaba que seria bizarrisimo, pero la verdad es que sacaron un par de escenas que cuadraban demasiado bien para ser casualidad.. xD

  2. Dulce dice:

    Me da mucha curiosidad ver este documental, creo que podría verse mejor explicadas algunas de las cosas que quedan con dudas cuando ves la película, o a lo mejor te pone más dudas en la mente jaja vi en hbo online El Resplandor y creo que es de las películas más espeluznantes y aterradoras que haya visto, me gusta mucho.

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